Terminó el 2011. En ese año las organizaciones internacionales que vigilan el gasto público y la calidad de vida de casi todas las naciones que habitan el planeta Tierra, entre ellas Transparencia Internacional, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través del PNUD y el Foro Económico Mundial, coinciden en señalar que la República Dominicana retrocedió en el Índice de Desarrollo Humano, que el desvío masivo de fondos públicos superó con creces años anteriores y que se incrementó la brecha entre ricos y pobres.
Los ricos se hicieron más ricos y los pobres se hicieron más pobres. La incapacidad del gobierno y la empresa privada para crear fuentes de trabajo mantiene al 34% de los dominicanos y dominicanas entre 18 y 24 años sin posibilidad de insertarse en el mundo laboral; el 56% de la fuerza laboral sobrevive chiripeando en la economía informal, y el 95% de los empleados públicos y privados ganan menos de 25 mil pesos, que es el costo aproximado de los alimentos básicos de la canasta familiar.
Transparencia Internacional empezó a medir el índice de corrupción en el 1995; utiliza una escala del 1 al 10. En los países con mayor índice viven los ciudadanos que están en pleno goce y ejercicio de sus derechos sociales, y son los que tienen mayor Índice de Desarrollo Humano, que incluye acceso a educación de calidad, alta expectativa de vida al nacer, sistema de salud eficiente, etc.
El mejor nivel de puntuación que ha recibido el país en los dieciséis años de medición lo obtuvo en los años 2002 y 2003, cuando alcanzó 3.6; tal puntuación nos ubicaba en el nivel de países como Honduras y Guatemala, pero muy lejos de Costa Rica, que es el país centroamericano con menos corrupción y más elevado Índice de Desarrollo Humano.
En el 1996 cuando el Producto Interno Bruto de la República Dominicana era de aproximadamente 80 mil millones de pesos, el entonces candidato Leonel Fernández afirmó categóricamente que la corrupción les costaba a los dominicanos 30 mil millones de pesos, y que la corrupción era la causa principal de la deuda social acumulada durante décadas. Eso lo afirmó Leonel Fernández candidato, quien prometió emplearse a fondo para combatir la corrupción, y dedicar ese dinero a disminuir la brecha entre ricos y pobres.
La organización Transparencia Internacional ha otorgado al gobierno del Partido de la Liberación Dominicana una calificación de 2.6, lo que convierte a Leonel Fernández en el jefe de una cleptocracia; en materia de corrupción, en la democradura construida y dirigida por Leonel Fernández retrocedimos 40 posiciones con relación al 2003, pues de ocupar el lugar 72 pasamos a ocupar el puesto 112. Esa no es una medición hecha por políticos dominicanos para empañar la imagen del gobierno, sino de una entidad imparcial, que mide objetivamente la realidad de un país en cuanto al estado del nivel de corrupción imperante en determinado período.
Tal apreciación fue corroborada por el Foro Económico Mundial, que atribuye a la administración de Leonel Fernández la ejecución de un masivo desvío de fondos públicos; el mismo organismo califica el gobierno de ineficiente, atribuyendo a la ineptitud gubernamental el despilfarro de recursos públicos; afirma el Foro que en el gobierno d Leonel Fernández impera el tráfico de influencias y el favoritismo; esto lo apreciamos y sufrimos en carne propia los ocoeños, que teníamos en Sabana Larga todos los equipos para levantar un complejo de frigoríficos, y de buenas a primeras, los equipos fueron sacados de Ocoa e instalados en Boca Chica, donde están al servicio de particulares.
Si otorgamos crédito a las palabras de Leonel Fernández, ahora que estamos padeciendo una corrupción rampante y generalizada, con un PIB estimado por el gobierno en unos 450 mil millones de pesos anuales, la única inferencia lógica posible es que los funcionarios corruptos, si tuviéramos el mismo índice de 3.6 que teníamos en el 2003, se llevarían entre las uñas 168 mil millones de pesos anualmente.
Con un índice de corrupción de 2.6, según los cálculos de Transparencia Internacional, la distracción de fondos públicos que van a parar a los bolsillos de los altos funcionarios, el gobierno del PLD y Leonel Fernández se convierte en el gobierno más corrupto que ha tenido la República Dominicana en toda su historia, y por eso se comprende el porqué de nuestro descalabro en cuando a la calidad de la educación pública y cuál es el motivo de que, pequeñas y necesarias obras, como la carretera de Ocoa al Cruce de Ocoa es remendada para apaciguar protestas en ciernes, mientras el pueblo ignora el destino de los fondos que fueron erogados por el gobierno de Leonel Fernández para supuestamente cambiar el eje y construir la carretera.
Si queremos recuperar los espacios y el tiempo perdido, debemos recuperar la riqueza en manos de funcionarios prevaricadores y ladrones, y trabajar en todos los frentes para erradicar la corrupción; si Leonel Fernández hubiera mantenido el nivel de corrupción similar al del año 2002, no habría déficit fiscal ni necesidad de endeudamiento externo, y dispondría de por lo menos 138 mil millones de pesos anuales para comenzar a saldar la deuda social acumulada.
La corrupción actúa como un cáncer, que enferma y postra a la sociedad, principalmente a los menos favorecidos por la fortuna; el pastor evangélico Ezequiel Molina acaba de poner el dedo sobre la llaga, al denunciar al mundo el estado de putrefacción en que se encuentra la sociedad dominicana, que ante tantos abusos ha perdido su capacidad de asombro, e impotente ante el poder avasallador detentado por el PLD y Leonel Fernández luce indefensa y paralizada.
El PLD llegó al poder inocente y virgen; con un discurso nuevo y adornado con una aureola inmaculada. Representaban la renovación de la esperanza, inspirada en las orientaciones de su fundador, cuya frugalidad espartana y desapego hacia los bienes materiales le proveían el temple propio de un asceta. Era el tiempo en que los gremios profesionales, sindicatos y organizaciones campesinas vieron en el ascenso de los jóvenes profesionales liberales la oportunidad de sus postergadas reivindicaciones.
Hoy, esos jóvenes profesionales liberales, voceros de obreros y defensores a ultranza de campesinos sin tierra, se han convertido en ricos burócratas y políticos-empresarios, seducidos por los encantos de la burguesía. Por eso han cambiado los intereses y se han abrazado a nuevos paradigmas. Desde su primer mandato Leonel Fernández suministró al pueblo dominicano señales claras de que era prevaricador y deshonesto, pues cuando el fraude de Baninter fue puesto al descubierto, era dueño de 118 millones de pesos, camuflados en una cuenta a nombre de FUNGLODE, su ONG. Si el pueblo se dejó engañar fue por ingenuidad.
Leonel Fernández ya tiene mentalidad empresarial. Sólo así es concebible que Leonel Fernández destituyera como juez de la Suprema Corte de Justicia al insobornable y bien calificado Julio César Suárez Dubernay, quien en sus años de ejercicio fue un abanderado permanente de los derechos de los obreros y defensor a ultranza de los campesinos sin tierra; Julio César, el abogado asesor de la Central General de Trabajadores (CGT), convertido en Juez de la Suprema Corte de Justicia, continuó siendo fiel a la máxima IN DUBIO PRO OPERARI (La duda favorece al obrero), pero en su nuevo estatus económico, Leonel Fernández se encuentra divorciado de los intereses de los obreros y por eso, al destituir inconstitucionalmente al magistrado Suárez, alegó que el magistrado era contrario a los intereses de los empresarios.
Con esa injusta destitución se colmó la copa de la corrupción en el año 2011, que fue bautizado por Leonel Fernández como El Año de la Transparencia, pero según confirman los hechos, 2011 fue El Año de la Corrupción.

El Ayatollah Fernández, acompañado de su ingeniero favorito, Diandino Peña, inspeccionó la segunda linea del Metro de Santo Domingo, y según sus propias palabras, quedó "perplejo y anonadado", pues sintió que había llegado al primer mundo. La megaobra, junto al corredor Duarte, no resolverán ni un ápice de los problemas que confronta el tránsito de pasajeros, pero sí ha contribuido a engrosar colosalmente fortunas personales, pues las ganancias y comisiones percibidas por sus constructores y promotores sobrepasan los 30 mil millones de pesos. Para contribuir a que Leonel Fernández no se pierda en su propia tierra ni se confunda la gimnasia con la magnesia, lo invitamos a que salga a la calle, de incógnito, disfrazado, y visite los barrios, los bateyes y zonas aledañas de los ingenios que él cerró o privatizó en su primer gobierno, para que aprecie el producto social de su malsana, inhumana, injusta, mediocre y corrupta gestión de gobierno. Como una imágen vale más que mil palabras, le dejamos al Ayatollah Fernández las imágenes del país que él ha ignorado; son los rostros de la miseria dominicana, de la personas marginadas y excluidas convertidas en las víctimas de la evasión masiva de fondos públicos que caracteriza su gobierno.


El prestigio de la SCJ trascendió las fronteras nacionales, y la reforma judicial dominicana, bajo la égida de Subero Isa, ha sido tomada como modelo por otras naciones del continente americano. El intercambio de ideas con los tribunales supremos del mundo iberoamericano ha sido dinámico y enriquecedor. El pensamiento jurídico dominicano, anquilosado por su aislacionismo sistemático, se ha actualizado; durante la administración de Jorge Subero Isa, los intercambios con las figuras más prominentes y representativas del pensamiento jurídico contemporáneo se han convertido en acontecimientos rutinarios, pues la Suprema se ha encargado de que todos los actores del sistema adquieran conocimientos que les permita superarse, y simultáneamente estar al tanto de lo que sucede en el ámbito jurídico , conocer donde nos encontramos ahora en materia de impartir justicia, cuales son las debilidades de nuestro sistema, los retos que debemos enfrentar y superar, y hacia donde debemos orientar los próximos pasos para que no desfallezca el espíritu de la reforma.
No hay un solo tribunal del país, un rinconcito de esta tierra, donde la Suprema Corte de Justicia no haya estado presente, positivamente, para bien de la sociedad dominicana; si existe una institución en la República Dominicana, hay que buscarla en la justicia.
¿ Alguien ha visto a Jorge descompuesto, ofensivo o malhumorado alguna vez? Ha sabido capear con buen talante todos los temporales, y ni siquiera las reiteradas frustaciones presupuestarias, nacidas en el incumplimiento de la ley a iniciativas del Poder Ejecutivo y apoyada por el Poder Legislativo, le ha afectado. A quienes sí ha afectado la mezquindad presupuestaria es al pueblo dominicano, pues jurisdicciones cuya demografía necesita urgente la creación de salas civiles y penales, como sucede en la Provincia Santo Domingo, no tienen capacidad para impartir justicia, pues la demora en obtener un fallo la torna incalcansable. Asimismo muchos proyectos han quedado en carpeta, pues las nuevas cargas fijas creadas por legislaciones que imponen a la SCJ atender económicamente órganos hijos de la Constitución del 26 de enero del 2010, como lo es el Co


Mucha gente se hace la pregunta si Jorge se queda o si se va, si seguirá siendo el Presidente o simplemente un juez más de la SCJ. Jorge Antonio Subero Isa es sobre todo un hombre de principios, consciente de su papel y de lo que representa para la parte buena de la sociedad dominicana; es un ser humano humilde, muy humano, sensible y familiar. Nunca ha dejado que se le suban los humos a la cabeza, y quienes le conocen y lo han tratado durante muchos años, confirman que es una persona de una sola cara. Por esas cualidades, a Jorge le dará lo mismo presidir la SCJ, una de sus tres cámaras o simplemente integrar cualquiera de ellas.
Nadie ha sido más transparente en el uso de los dineros públicos, y ningún incumbente de función pública ha sido tan meticuloso y constante en la publicación de los estados financieros del órgano que administra. En un país que para los organismos internacionales, y la percepción de la mayoría del pueblo dominicano, el robo al erario público, la sustracción camuflada de recursos a través de obras del Estado, el nepotismo, el tráfico de influencia, el favoritismo y otras lacras propias de las sociedades corrompidas y sin instituciones, es una actividad cotidiana y rampante, encontrar un hombre honesto a carta cabal, no es tarea sencilla. Por eso, Jorge Antonio Subero Isa es el mejor referente de los principios y los valores morales y éticos en la sociedad dominicana contemporánea.