Espacio para compartir inquietudes sobre temas jurídicos y políticos; estimular la creatividad de los espíritus disidentes y contribuir a la creación de conciencia socialista entre abogados que no se resignan a contemplar la nación navegando al garete.
viernes, 18 de mayo de 2012
HIPÓLITO EN PRIMERA VUELTA
jueves, 23 de febrero de 2012
MARCOS HABLÓ CLARO
El abogado santiagués y comunicador Marcos Martínez, en llamada al programa el Gobierno de la Tarde, que se transmite por la Z 101, restó credibilidad al mensaje de un supuesto correo electrónico utilizado por el Superintendente de Bancos para afirmar que Margarita Cedeño no tiene cuentas en el Danske Bank; avaló su denuncia con documentos y mencionó dos personas, dos organizaciones sin fines de lucro y un banco dominicano, y mostró documentos que no han sido desmentidos por las personas que él relaciona con una cuenta en euros abierta en un banco de Dinamarca.
lunes, 20 de febrero de 2012
RECLAMO DE MONSEÑOR ARNAIZ A MARGARITA CEDEÑO
Los sacerdotes jesuitas constituyen la élite intelectual de la Iglesia Católica. Los dominicanos tenemos el privilegio de contar con Monseñor Francisco José Arnaiz, que habla sin pelos en la lengua y no contemporiza con lo mal hecho, aunque esté de por medio el poder temporal.jueves, 5 de enero de 2012
OCOA: EN LA RUTA DE LOS SISMOS
De los fenómenos telúricos ninguno causa más aprehensión y pánico que un temblor de tierra. Nadie está preparado para permanecer impávido ante la sacudida de la Madre Tierra, que sin avisar, de buenas a primeras, se sacude con ganas. Desde el miércoles, apróximadamente a las 5:30 a.m., la falla de Ocoa ha estado activa en diferentes puntos, y tras la violenta sacudida matutina se han estado produciendo réplicas, una de las cuales tuvo su epicentro en las cercanías de la Presa de Jiguey.
martes, 3 de enero de 2012
2011: EL AÑO DE LA CORRUPCIÓN
Terminó el 2011. En ese año las organizaciones internacionales que vigilan el gasto público y la calidad de vida de casi todas las naciones que habitan el planeta Tierra, entre ellas Transparencia Internacional, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través del PNUD y el Foro Económico Mundial, coinciden en señalar que la República Dominicana retrocedió en el Índice de Desarrollo Humano, que el desvío masivo de fondos públicos superó con creces años anteriores y que se incrementó la brecha entre ricos y pobres.
Los ricos se hicieron más ricos y los pobres se hicieron más pobres. La incapacidad del gobierno y la empresa privada para crear fuentes de trabajo mantiene al 34% de los dominicanos y dominicanas entre 18 y 24 años sin posibilidad de insertarse en el mundo laboral; el 56% de la fuerza laboral sobrevive chiripeando en la economía informal, y el 95% de los empleados públicos y privados ganan menos de 25 mil pesos, que es el costo aproximado de los alimentos básicos de la canasta familiar.
Transparencia Internacional empezó a medir el índice de corrupción en el 1995; utiliza una escala del 1 al 10. En los países con mayor índice viven los ciudadanos que están en pleno goce y ejercicio de sus derechos sociales, y son los que tienen mayor Índice de Desarrollo Humano, que incluye acceso a educación de calidad, alta expectativa de vida al nacer, sistema de salud eficiente, etc.
El mejor nivel de puntuación que ha recibido el país en los dieciséis años de medición lo obtuvo en los años 2002 y 2003, cuando alcanzó 3.6; tal puntuación nos ubicaba en el nivel de países como Honduras y Guatemala, pero muy lejos de Costa Rica, que es el país centroamericano con menos corrupción y más elevado Índice de Desarrollo Humano.
En el 1996 cuando el Producto Interno Bruto de la República Dominicana era de aproximadamente 80 mil millones de pesos, el entonces candidato Leonel Fernández afirmó categóricamente que la corrupción les costaba a los dominicanos 30 mil millones de pesos, y que la corrupción era la causa principal de la deuda social acumulada durante décadas. Eso lo afirmó Leonel Fernández candidato, quien prometió emplearse a fondo para combatir la corrupción, y dedicar ese dinero a disminuir la brecha entre ricos y pobres.
La organización Transparencia Internacional ha otorgado al gobierno del Partido de la Liberación Dominicana una calificación de 2.6, lo que convierte a Leonel Fernández en el jefe de una cleptocracia; en materia de corrupción, en la democradura construida y dirigida por Leonel Fernández retrocedimos 40 posiciones con relación al 2003, pues de ocupar el lugar 72 pasamos a ocupar el puesto 112. Esa no es una medición hecha por políticos dominicanos para empañar la imagen del gobierno, sino de una entidad imparcial, que mide objetivamente la realidad de un país en cuanto al estado del nivel de corrupción imperante en determinado período.
Tal apreciación fue corroborada por el Foro Económico Mundial, que atribuye a la administración de Leonel Fernández la ejecución de un masivo desvío de fondos públicos; el mismo organismo califica el gobierno de ineficiente, atribuyendo a la ineptitud gubernamental el despilfarro de recursos públicos; afirma el Foro que en el gobierno d Leonel Fernández impera el tráfico de influencias y el favoritismo; esto lo apreciamos y sufrimos en carne propia los ocoeños, que teníamos en Sabana Larga todos los equipos para levantar un complejo de frigoríficos, y de buenas a primeras, los equipos fueron sacados de Ocoa e instalados en Boca Chica, donde están al servicio de particulares.
Si otorgamos crédito a las palabras de Leonel Fernández, ahora que estamos padeciendo una corrupción rampante y generalizada, con un PIB estimado por el gobierno en unos 450 mil millones de pesos anuales, la única inferencia lógica posible es que los funcionarios corruptos, si tuviéramos el mismo índice de 3.6 que teníamos en el 2003, se llevarían entre las uñas 168 mil millones de pesos anualmente.
Con un índice de corrupción de 2.6, según los cálculos de Transparencia Internacional, la distracción de fondos públicos que van a parar a los bolsillos de los altos funcionarios, el gobierno del PLD y Leonel Fernández se convierte en el gobierno más corrupto que ha tenido la República Dominicana en toda su historia, y por eso se comprende el porqué de nuestro descalabro en cuando a la calidad de la educación pública y cuál es el motivo de que, pequeñas y necesarias obras, como la carretera de Ocoa al Cruce de Ocoa es remendada para apaciguar protestas en ciernes, mientras el pueblo ignora el destino de los fondos que fueron erogados por el gobierno de Leonel Fernández para supuestamente cambiar el eje y construir la carretera.
Si queremos recuperar los espacios y el tiempo perdido, debemos recuperar la riqueza en manos de funcionarios prevaricadores y ladrones, y trabajar en todos los frentes para erradicar la corrupción; si Leonel Fernández hubiera mantenido el nivel de corrupción similar al del año 2002, no habría déficit fiscal ni necesidad de endeudamiento externo, y dispondría de por lo menos 138 mil millones de pesos anuales para comenzar a saldar la deuda social acumulada.
La corrupción actúa como un cáncer, que enferma y postra a la sociedad, principalmente a los menos favorecidos por la fortuna; el pastor evangélico Ezequiel Molina acaba de poner el dedo sobre la llaga, al denunciar al mundo el estado de putrefacción en que se encuentra la sociedad dominicana, que ante tantos abusos ha perdido su capacidad de asombro, e impotente ante el poder avasallador detentado por el PLD y Leonel Fernández luce indefensa y paralizada.
El PLD llegó al poder inocente y virgen; con un discurso nuevo y adornado con una aureola inmaculada. Representaban la renovación de la esperanza, inspirada en las orientaciones de su fundador, cuya frugalidad espartana y desapego hacia los bienes materiales le proveían el temple propio de un asceta. Era el tiempo en que los gremios profesionales, sindicatos y organizaciones campesinas vieron en el ascenso de los jóvenes profesionales liberales la oportunidad de sus postergadas reivindicaciones.
Hoy, esos jóvenes profesionales liberales, voceros de obreros y defensores a ultranza de campesinos sin tierra, se han convertido en ricos burócratas y políticos-empresarios, seducidos por los encantos de la burguesía. Por eso han cambiado los intereses y se han abrazado a nuevos paradigmas. Desde su primer mandato Leonel Fernández suministró al pueblo dominicano señales claras de que era prevaricador y deshonesto, pues cuando el fraude de Baninter fue puesto al descubierto, era dueño de 118 millones de pesos, camuflados en una cuenta a nombre de FUNGLODE, su ONG. Si el pueblo se dejó engañar fue por ingenuidad.
Leonel Fernández ya tiene mentalidad empresarial. Sólo así es concebible que Leonel Fernández destituyera como juez de la Suprema Corte de Justicia al insobornable y bien calificado Julio César Suárez Dubernay, quien en sus años de ejercicio fue un abanderado permanente de los derechos de los obreros y defensor a ultranza de los campesinos sin tierra; Julio César, el abogado asesor de la Central General de Trabajadores (CGT), convertido en Juez de la Suprema Corte de Justicia, continuó siendo fiel a la máxima IN DUBIO PRO OPERARI (La duda favorece al obrero), pero en su nuevo estatus económico, Leonel Fernández se encuentra divorciado de los intereses de los obreros y por eso, al destituir inconstitucionalmente al magistrado Suárez, alegó que el magistrado era contrario a los intereses de los empresarios.
Con esa injusta destitución se colmó la copa de la corrupción en el año 2011, que fue bautizado por Leonel Fernández como El Año de la Transparencia, pero según confirman los hechos, 2011 fue El Año de la Corrupción.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
LOS OBSTÁCULOS POLÍTICOS DE LA CARRERA JUDICIAL
V. Martínez. La sociedad dominicana tiene una nueva Suprema Corte de Justicia; todos los jueces y juezas de Carrera Judicial, así como los abogados designados por el Consejo Nacional de la Magistratura, reúnen los requisitos y los méritos necesarios para ser miembros del órgano de más jerarquía dentro del ámbito jurisdiccional, pero en la conformación de la nueva Suprema Corte de Justicia, el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), presidido por Leonel Fernández, ha violado la Constitución de la República Dominicana (CRD) y la ley de Carrera Judicial.
En la sustitución de los jueces de la Suprema Corte de Justicia que aún no han cumplido los 75 años, edad tope para poder optar por un cargo de juez en las llamadas altas cortes, el CNM no actuó apegado a la Constitución de la República, que en la parte in fine del artículo 183 establece lo siguiente: "En los casos en que el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) decidiere la pertinencia de separar a un juez de su cargo, deberá sustentar su decisión en los motivos contenidos en la ley que rige la materia."
El texto constitucional está concebido para evitar que el CNM, o más bien la fuerza política dominante, desborde los límites de su poder y de la racionalidad, y sin causa justificada destituya a los jueces que aún no han llegado a la edad de retiro; Leonel Fernández, Reinaldo Pared Pérez, Abel Martínez, y Radhamés Jiménez, violaron la Constitución de la República, irrespetando las exigencias del artículo 183 de la CRD, al destituir arbitrariamente a varios jueces de la Suprema Corte de Justicia que no han llegado a la edad de retiro.
Mencionamos a estos funcionarios porque eran y son los que detentan el poder de decisión en el CNM. Si permitieron que se colara alguien ajeno a su parcela política, no lo hicieron por respeto o condescendencia con la oposición o a los poderes fácticos, sino por sus propias conveniencias. La violación a la ley de Carrera Judicial y a la CRD no tendrá consecuencias, pues en la democradura dominicana se guardan las apariencias legales, pero se impone la razón de la fuerza, y la fuerza la tiene el amo absoluto de todos los poderes: Leonel Fernández.
Leonel acaba de infligirle un rudo golpe a la Ley de Carrera Judicial, concebida para garantizar la permanencia en sus puestos a todos los jueces que cumplan con sus deberes. El primer escalón de la Carrera Judicial es la de Juez de Paz, y por acumulación de méritos se llega a los tribunales superiores, hasta llegar a la Suprema Corte de Justicia. Sustituir a un juez que no ha cometido faltas envía un mensaje negativo a los jueces inferiores, pues tiende a sentirse inseguro en el cargo.
Pro Juris Causa Inc., a través de este espacio, advierte que la intención de Leonel Fernández no es simplemente controlar la Suprema Corte de Justicia, sino todos los tribunales del país, e imponer la justicia leoneliana: jueces obedientes a los dictados de Leonel Fernández y sus incondicionales. El plan ya está en marcha. Comenzó con una declaración de Nicolás de Jesús López Rodríguez, que ha sugerido a la nueva Suprema Corte de Justicia "evaluar" a todos los jueces del país. A la propuesta se han unido Reinaldo Pared Pérez, Presidente del Senado y miembro del CNM, el ministro César Pina Toribio, vocero del CNM y el Dr. Vinicio Castillo.Rodríguez (Vincho).
La "evaluación", en el lenguaje fascista-leoneliano, significa depuración para hacer una purga y separar a los jueces "sospechosos", que son todos los jueces sin militancia peledeista. Los promotores de la propuesta saben que la Suprema Corte de Justicia no tiene entre sus atribuciones la evaluación de los jueces, pues esa tarea corresponde al Consejo del Poder Judicial, controlado por jueces de carrera que no deben sus cargos al PLD, sino a sus propios méritos; pero en una nación donde inexplicablemente las instituciones permanecen en estado embrionario, cualquier arbitrariedad es posible, y no faltará dinero para legitimar la ilegalidad. En las democraduras impera la razón de la fuerza, y en este momento estamos viviendo en la democradura concebida por la ambición de poder absoluto que domina obsesivamente a Leonel Fernández.
El presidente Fernández hizo caso omiso al mandato constitucional, cónsono con el propósito fundamental de la Carrera Judicial: "En los casos en que el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) decidiere la pertinencia de separar a un juez de su cargo, deberá sustentar su decisión en los motivos contenidos en la ley que rige la materia" y, fiel a objetivos muy personales, con connotaciones vengativas, prefirió actuar al margen de la ley, y en un hermetismo con reminiscencias inquisitoriales, decidió la sustitución de jueces que no han llegado al límite de los 75 años, sin ofrecer los motivos, tal y como exige la Constitución, destituyendo jueces que resultaron entre los mejores valorados, como lo fue el magistrado Julio Anibal Suárez Dubernay. El CNM complació el deseo del líder, maestro y guía, que está por encima de la Constitución de la República.
El artículo de marras remite al CNM a la ley que rige la materia, que es la Ley de Carrera Judicial (Ley 327-98), y donde están enumeradas taxativamente las faltas de los jueces que son sancionadas con la destitución. O sea que el poder para destituir que tiene el Consejo no es absoluto, sino que tiene como límite la ley.
La Constitución promulgada el 26 de enero del 2010 impide sustituir a los a los jueces de la Suprema Corte de Justicia que aún no han cumplido 75 años, a menos que cometan una de las faltas previstas en la ley de Carrera Judicial; esto garantiza la permanencia en el sistema de jueces idóneos, y le otorga sentido a la Carrera, y mismo tiempo obliga a los jueces a esmerarse en el cumplimiento del deber.
La norma constitucional remite al Consejo Nacional de la Magistratura a la ley de la Carrera Judicial (Ley 327-98), que es la ley que rige la materia, y en esa legislación, su artí culo 66 recoge las faltas de los jueces que acarrean como sanción la destitución del cargo. Son faltas muy graves, propias de un juez prevaricador y venal, corrupto hasta los tuétanos.
Como vivimos sometidos al bombardeo sistemático de mentiras vendidas como verdad, subinformados y sin ninguna posibilidad de acceder a información oficial veraz, los ciudadanos dominicanos nos nutrimos de rumores, y atando cabo a veces nos acercamos a la verdad fáctica.
Esos jueces jóvenes, algunos de los cuales ingresaron a la judicatura cuando aún no se había reformado la Constitución del 1994, han sido colocados por el CNM morado en la picota pública, pues si fueron destituidos según la ley, debió ser por una falta muy grave. Y si no cometieron ninguna de las faltas que se sancionan con la destitución, entonces no podían ser legalmente sustituidos, y en consecuencia la conformación de la Suprema Corte de Justicia, al violar el artículo 183 de la CRD, es inconstitucional, y en la cúspide del Poder Judicial tendríamos un órgano afectado de nulidad.
Las únicas faltas de los jueces que se sancionan con la sustitución se encuentran taxativamente enumeradas en el artículo 66 de la Ley 327-98, y el artículo 183 de la CRD ratifica que para sustituir a un juez de la Suprema Corte de Justicia, su falta tiene que estar prevista en la ley. Si los jueces que no habían cumplido 75 anos cometieron alguna de esas faltas, el CNM tenia derecho a destituirlos, pero si no las cometieron el CNM actuó arbitrariamente, y su decisión es nula, porque así lo establece la Constitución.
Nos hemos quedado esperando la protesta de las organizaciones no gubernamentales que siempre están reclamando el imperio de la Constitución, así como de los influyentes poderes fácticos, a través de sus respectivos voceros. Pero parece que están bajo el influjo de algún soporífero o sumidos en una hipnosis profunda. Nadie habla, y quienes debieron asumir una posición inflexible a favor de que se respetara el procedimiento Constitucional, presentes en el CNM, fueron indiferentes a los reclamos de publicidad para las deliberaciones, a reclamar con vehemencia el respeto a los derechos de sus pares.
Los jueces jóvenes destituidos deben exigir al CNM que haga pública la evaluación de que fueron objeto, y que den a conocer cuales fueron las faltas que hicieron pertinente sus sustitución, pues queda en entredicho su honra, su reputación y su imagen pública, ya que sólo jueces venales, corruptos, sin principios ni ética, prevaricadores consuetudinarios son pasibles de ser destituidos, según lo establecido en la Constitución. Esperamos que esos jueces asuman públicamente la defensa de su conducta y de sus derechos. Asumir el silencio como respuesta a las pretensiones absolutistas de Fernández, es contrario a las conveniencias nacionales. Hay que enfrentar la insaciable ambición de poder de Leonel Fernández.
El desmembramiento de que ha sido objeto la Suprema Corte de Justicia, obedece al interés político de Leonel Fernández, no a las conveniencias de la justicia, y las sustituciones de todos los jueces que aún no han cumplido los 75 años tiene matices de venganza personal, aparentemente relacionado con el fallo del controvertido contrato suscrito entre Félix Bautista y la Sund Land, cuya inconstitucionalidad fue declarada en los motivos de la sentencia que dirimió la controversia, y en el que los magistrados Eglis Esmurdoc, Julio Aníbal Suárez y Ana Bergés en un voto disidente expusieron los motivos por los cuales el Partido Revolucionario Dominicano era una persona jurídica con calidad para interponer la acción de inconstitucionalidad. Esos tres jueces reivindicaron la dignidad de la justicia, y los tres fueron destituidos por Leonel Fernández, en franca violación a la Constitución de la República.
Eglis Esmurdoc, Julio Anibal Suárez y Ana Bergés fueron destituidos como jueces de la Suprema Corte de Justicia por Leonel Fernández Reyna, pues el Consejo Nacional de la Magistratura es Leonel Fernández Reyna, ya que los magistrados Jorge Subero y Víctor Castellanos, así como el diputado perredeista asistieron como figuras decorativas, sin ningún poder de decisión, aunque en las sesiones de evaluación de los aspirantes a las altas cortes estuvieron muy activos y exigentes, en ocasiones poniendo en aprieto a jueces de carrera.
Con la destitución de Eglis Esmurdoc, Julio Anibal Suárez y Ana Bergés se violó el artículo 66 de la Ley de Carrera Judicial (Ley 327-98), en el que están enumeradas las faltas de los jueces que son sancionadas con la destitución y el artículo 183 de la Constitución.
En el caso particular de Esmurdoc, se trata de una consagrada magistrada que ingresó a muy temprana edad a la judicatura, reconocida nacional e internacionalmente por su trabajo relacionado con las políticas de género, con una labor intensa, sin vacaciones, y con un comportamiento ejemplar. Su falta es la de ser esposa del ingeniero Hernani Salazar, uno de los colaboradores íntimos de Hipólito Mejía, y que junto a los magistrados Julio Anibal Suárez y Ana Bergés salvó el honor de la justicia dominicana, emitiendo un voto disidente que no le gustó a Leonel Fernández, en el caso de la Sund Land.
Ninguno de los jueces "jóvenes" de la Suprema Corte de Justicia merecía la destitución, y al hacerlo, el Consejo Nacional de la Magistratura (Léase Leonel Fernández Reyna) envía una mala señal a los jueces "inferiores", y a los jueces jóvenes recién designados en la Suprema, pues saben que no importa la calidad de su trabajo y su conducta dentro y fuera de la judicatura, y que cuando se reúna un nuevo Consejo Nacional de la Magistratura quien tenga la mayoría determinará su suerte.
Suele decirse que para cruzar el desierto hace falta un Moisés; a partir de ahora ya los jueces saben que no sólo se necesita un Moisés para avanzar en la Carrera Judicial, sino también para permanecer en ella, y que su ascenso o permanencia no depende en absoluto de sus años en la Carrera Judicial ni de los méritos acumulados.
En la nueva conformación de la Suprema Corte de Justicia se cumplió con la cuota constitucional que otorga a los jueces de carrera el 75% de los puestos y a los académicos, profesionales meritorios o miembros del Ministerio Público el 25%. En esta ocasión, el presidente Leonel Fernández se sirvió con un cucharón, pues tomó para sí el 25%, ya que los cuatro jueces de la Suprema Corte de Justicia fueron seleccionados por él, a saber: Mariano Germán, Alejandro Moscoso Segarra, Frank Soto y Julio César Castaños Guzmán. Nadie pone en tela de juicio la capacidad y los méritos de esos nuevos magistrados, y todos reúnen los requisitos exigidos en la Constitución de la República.
No obstante, elegir al Presidente de la Suprema Corte de Justicia y al Primer Vicepresidente del 25% de la cuota que se asignó Leonel Fernández, e ignorar a los jueces Carrera Judicial, incluyendo a los que desde el 1997 están en la Suprema Corte de Justicia, aguardando su turno para dirigir el organismo, es un rudo golpe al escalafón judicial.
La Carrera Judicial fue concebida para ascender desde el más bajo peldaño, que es el de juez de paz, al más alto peldaño, que es la Suprema Corte de Justicia en base a los méritos acumulados dentro de la carrera. Muchos jueces de carrera que han acumulado méritos y tienen condiciones para dirigir el máximo tribunal del Poder Judicial se sienten anonadados.
Pero lo peor aún no ha llegado. Cuando se inicie la purga de los jueces "sospechosos", la destitución arbitraria de los jueces jóvenes de la Suprema Corte de Justicia pasará a un segundo plano. Los obstáculos políticos de la Carrera Judicial podrían dar al traste con los avances exhibidos por el Poder Judicial, expuesto a convertirse en un órgano al servicio de las pretensiones autocráticas de Leonel Fernández. El pueblo y los jueces están advertidos.

